Madrugón dominical para los amantes de la cultura clásica: hay que salir temprano para llegar a buena hora a la capital extremeña, La "Emérita" romana, que nos está esperando para descubrirnos su tesoro histórico.
Salimos de noche, con una temperatura excepcional y en apenas unos pocos kilómetros nos atrapa una niebla que no nos abandonará hasta casi llegar a destino. Todos habíamos mirado la previsión meteorológica, faltaría más, y esta decía que haría un día soleado con unas temperatura de cerca de 25 grados, sin embargo costaba trabajo creerlo viendo esa capa de niebla y que la temperatura que marcaba el autobús no subía de 16 grados. Pero...¡hombres de poca fe, la que nos tenía reservado la tarde....!
Paramos a tomar un cafetito a mitad de camino y en nada estábamos en Mérida, ciudad patrimonio de la Humanidad.
Aarón nos hace un planning del día: visitaremos por la mañana el Museo Arqueológico Nacional de Arte Romano, en el que cada uno podrá disponer del tiempo que estime oportuno para la visita, pues tras ella habrá tiempo libre que usaremos a conveniencia hasta la hora marcada para la comida. El museo es muy, pero que muy interesante. Hay mosaicos maravillosos y colecciones de útiles, monedas, etc., que son una pasada.
Tras la visita, el grueso del grupo se lo toma como relax y van haciendo un paseo por las calles de la ciudad hasta el restaurante, haciendo alguna pausa para tomar el aperitivo. Otros optan por acercarse a visitar el Circo o el Acueducto de los Milagros y el puente romano sobre el Guadiana y tomar fotos de cerca, pues estas cosas las veremos más tarde en una ruta desde el autobús.
A estas horas el solecito había hecho acto de aparición. Algunos que llegaban al restaurante habiéndose pateado la ciudad comenzaban a presagiar la que nos esperaba.... los 30 y tantos grados que nos cayeron durante la tarde.
Tras la comida nos esperaba un guía al que acompañamos en un ya caluroso paseo descubriendo joyas arquitectónicas como El Templo de Diana y El Arco de Trajano, hasta el punto en que tomamos el autobús para hacer una ruta en la que visitamos el resto de monumentos dispersados por sus calles. La gente encantada por no tener que andar con la "torraera" que hacía.
Y como colofón, las grandes maravillas de Mérida: El Anfiteatro y el Teatro Romano. Y aunque todos las hemos visto en infinidad de ocasiones en libros, en la tele..., la impresión de verlo in situ es inexplicable. Todo son exclamaciones de admiración cuando, saliendo del recinto del Anfiteatro te das de bruces con semejante belleza.
Ya llenos de cultura milenaria....estampida general en busca de un refresco o cervecita que a la sombra de una sombrilla nos relajara del calorazo que habíamos sufrido. Tanto, que para la foto de grupo quedaban cuatro incautos a los que pillaron in fraganti antes de la huida, jajaja.
Y así, contentos y con ganas de una próxima se nos pasó el domingo y regresamos a casa bastante tranquilitos, (a excepción , como tiene que ser, de la parte trasera del autobús), y con un nuevo éxito de participación.








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